sábado, 8 de marzo de 2025

Guaya Kill: el Desafío de la Violencia y el Crimen Organizado

El panorama económico de Ecuador es complejo: el crecimiento y el empleo están estancados, la sostenibilidad fiscal requiere una constante implementación de ajustes fiscales con menor viabilidad política cada vez; por último, la comprensión del fenómeno económico se distrae por la carencia de un mínimo de gobernabilidad en lo político.

El fenómeno político que ha irrumpido como novedad es el crimen organizado y sus diversas expresiones de violencia: magnicidios, masacres, sicariatos, secuestros y extorsiones (vacunas). Esto ha afectado muchas esferas sociales, al punto de no saber cómo abordar el problema desde la perspectiva de gobierno. Los datos de migración muestran un éxodo inusitado, pero la sensación de zozobra en que viven los barrios populares del Gran Guayaquil ha convertido a la inseguridad y la violencia en una preocupación que angustia a todos los ciudadanos.

Algunas manifestaciones de este fenómeno en la política, la economía y la sociedad civil respectivamente son: (1) la irrupción del crimen organizado en la captura de la justicia y los medios de comunicación, (2) la manipulación de las protestas violentas en las reformas de los combustibles y (3) las vacunas y secuestros generalizados en la ciudad de Guayaquil. Todo esto de la mano de un aumento explosivo en el número de muertes violentas. En 2024, 35 por cada 100,000 habitantes, una de las tasas más altas del mundo. Por lo que, para que no quepa duda del fenómeno, el semanario The Economist nos denomina el nuevo narcoestado del planeta.

Las causas que llevan a The Economist y su investigación periodística a esa conclusión son las siguientes: (1) una buena infraestructura física y organizacional del país para las actividades exportadoras sobre la que montarse, (2) una economía dolarizada donde la moneda en que el crimen organizado transa sus actividades es la moneda de curso legal, facilitando el lavado de activos, (3) un marco institucional del Estado débil, altamente corrupto, y por ende fácil de infiltrar, y (4) la cercanía geográfica de los polos de producción de cocaína. Tanto es así que estudios de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC) indican que el 73% de la cocaína traficada en el mundo sale de Ecuador.

El último episodio de esta barbarie lo protagonizó el enfrentamiento entre facciones de una misma banda de los Tiguerones, entre los Igualitos y Fénix, que terminó en una masacre de 22 personas en Socio Vivienda 2 y, a renglón seguido, al menos 5 asesinados dentro de la famosa Penitenciaría del Litoral. Pero para que tengamos claros los órdenes de magnitud, de mantenerse los 750 muertos, y aunque no salga en los medios locales, todos los días hay tantos muertos como en estas dos últimas masacres, aunque no lo digan los medios internacionales. Hemos llegado a la escalofriante cifra de ¡un muerto por hora!

A buen seguro, podríamos decir que en Ecuador se cometerían cuatro veces más asesinatos por año que los que la Comisión Nacional de Verdad y Reconciliación imputa a Augusto Pinochet en Chile (2,279 asesinatos). Los ideólogos de izquierda suelen denominar a estos regímenes autocráticos de fascistas, como si el fascismo fuera un rasgo único y exclusivo de la derecha. Pero las bandas nacen en barrios marginales manipuladas por toda una cadena de narcos involucrados en esta despreciable actividad (productores, traficantes, grupos de crimen organizado y lavadores de activos). En Colombia, por ejemplo, estaban vinculados con causas reivindicatorias de la izquierda violentista, allá denominadas guerrillas.

Si no somos capaces de ofrecer una solución sistémica al problema, en lo filosófico-político, es muy poco lo que podemos esperar que se pueda avanzar desde lo económico. Hace falta comprender seriamente el problema, evaluar sus consecuencias, orientar la acción de los gobernantes sobre un conjunto de propuestas y comunicar e implementar las decisiones de gobierno; sin esta comprensión de gran alcance no podremos empezar a luchar la guerra contra el crimen organizado más allá de lo físico y el recurso a la “mano dura”.

Adam Smith decía: “Muy poco más se necesita en una sociedad para pasar de una situación de barbarie a una de opulencia que: impuestos fáciles, predictibilidad de la justicia y un razonable estado de seguridad física”. En Ecuador y Guayaquil, epicentro del conflicto, todos estos presupuestos se han incumplido.

Este es el sentido en que se debe comprender lo político del problema de la violencia: una condición sine qua non a cualquier acción de política pública o de reforma económica, si queremos empezar a recuperar la senda de desarrollo (hacia la "opulencia", como decía Smith).

Si no recuperamos la capacidad del Estado de tomar acciones en beneficio del bien común, ante los problemas de acción colectiva, la captura de la acción del Estado pronto avanzará aún más hacia lo privado. Tómese como ejemplo la pérdida fiscal que produce el tráfico de combustible (aproximadamente 2% del PIB por año), la corrupción y secuestro producidos por las mafias del sector eléctrico (que nos enfrentan a un déficit de más de 1,000 megavatios y nos mantendrán en riesgo de apagones constantemente). Estos hechos, en ausencia del fenómeno de la violencia, se tratarían como un problema técnico con muchas propuestas alternativas de solución.

Dimensiones del problema

Sin un buen diagnóstico, no seremos capaces de abordar el desafío. Hace falta comprender mejor el problema de la violencia. En mi condición de economista y de constructor, he podido adquirir una perspectiva a partir de mi experiencia de trabajar en los barrios marginales de Guayaquil por casi dos décadas, que, adicionalmente a lo que acertadamente determina como causas The Economist, considero que deberían entenderse respecto a los diversos tipos de enemigos que enfrentamos:

  1. La renta económica que persiguen las bandas. En 2020, cuando se empezó a generalizar el fenómeno de las vacunas, mientras terminábamos de ejecutar un alcantarillado cerca de la Playita del Guasmo, constantemente sufríamos paros por levantamiento de cadáveres cerca del sector de nuestras excavaciones. Me preguntaba ¿por qué se producía esto? La mejor respuesta es que nuestra tubería en instalación atravesaba diferentes sectores limítrofes entre bandas de micro traficantes empeñados en extender su zona de expansión y provocando estos ajustes de cuentas, por lo que terminaban siendo arrojados a nuestras excavaciones por conveniencia. La renta que repartir era el número de potenciales compradores de la droga que vendían, usualmente H.
  2. La organización de la banda criminal que se enfrenta. En 2024 trabajaba en un sector llamado Monseñor Leonidas Proaño, también conocido como Colinas de la Florida, detrás del complejo judicial de la Florida, muy cerca del Quinto Guayas. En este lugar fue muy difícil trabajar, a pesar de estar cerca de uno de los cuarteles de policía más grandes de la ciudad, los extorsionadores eran implacables. Al parecer, el sector es un lugar donde una sola banda de los Tiguerones opera organizadamente. De tal manera que no es fácil enfrentarse a ellos cuando las estructuras criminales están tan sólidamente organizadas. Lo mismo se puede decir del Cerro Las Cabras en Durán, sino piensen en el alcalde Chonillo, que no pudo ni siquiera posesionarse físicamente.
  3. El nivel de criminalidad del sector. A pesar de haber trabajado en muchos sectores peligrosos del Gran Guayaquil: Durán, Los Guasmos, Daule, Monte Sinaí, Bastión Popular, Flor de Bastión, Isla Trinitaria, Suburbio, etc.; siempre hubo lugares en los que era mucho mas difícil trabajar por el nivel de inseguridad. En 2017, cuando trabajamos en la construcción de la iglesia para la Parroquia Don Álvaro del Portillo, en Socio Vivienda 1, había un constante temor de que nos asaltaran desde Socio Vivienda 2. Este fue un proyecto del gobierno de Correa en el que fueron destinados a vivir los desterrados de todos los barrios marginales: reubicados de Esmeraldas Chiquito, del Suburbio en Guayaquil y otros programas que lo que hicieron fue constituir un ghetto dentro de la ciudad.  Antes y ahora, ha sido un sector que la policía ha optado por dejarla a su suerte. Por tanto, hay sectores donde el nivel de criminalidad es especialmente arraigado y se debe tener esto en cuenta, porque esta es una variable muy importante para considerar cualquier intervención.
  4. El vínculo con las organizaciones transnacionales. Este fenómeno es uno que no todos están plenamente conscientes, pero al parecer tiene consecuencias nefastas por la introducción de prácticas sanguinarias importadas de las bandas mexicanas, o un afán de captura de los grupos políticos para fomentar la dependencia del dinero fácil que les facilite las operaciones, sello propio de las bandas del este europeo. En realidad, debo confesar que, en el momento en que me di cuenta de este fenómeno en 2023, ya no solo en una obra, también en los municipios (de ahí el nombre del narco contratistas o narco alcalde), me dije a mí mismo: “hasta aquí no más conmigo. Tengo que salirme de este negocio porque en cualquier momento termino asesinado por estos criminales”. Y eso lo digo luego de haber sufrido un secuestro, varios asaltos, sufrido tiroteos, vandalismo, vacunas, robos y saqueos; pero no de la manera organizada y sistemática en que estamos viviendo los últimos años.

¿Qué hacemos ahora?

Este es un problema mucho más complejo que el que nos han querido vender, de uno u otro bando en la campaña política. No creo que una opción sea pro y otra anti. Tampoco creo que ninguno tenga posibilidades de resolver el problema negociando, porque este no es un enemigo, son muchos y ya desembarcaron con tanta variedad y proporciones que no hay mando unificado con el que negociar. Lo cierto es que hay que plantarle cara al problema, y tenemos que conocer cuál es el político que esté dispuesto a esto.

De urgencia, tendremos que definir, de una vez por todas, una verdadera estrategia de seguridad. Habrá que ir ajustándola en el camino, pero que debe estar clara en sus líneas generales para todos. Cierto que será mucho más compleja que solamente pensar en la mano dura, pero hace falta más allá del eslogan y de la indignación, hay que empezar a pensar y actuar en consecuencia. Evitando creer que se pueden seguir estrategias genéricas o recomendaciones que son una interpretación simplista de un caso histórico, sea este el de Medellín o el de Bukele. Por ejemplo, escuché con asombro a un especialista del caso de Medellín decir que el problema no es la violencia sino la falta de oportunidades (Ver Entrevista Jorge Melguizo en Contacto Directo). Yo me niego a creer en estos mensajes simplificados de la historia, al menos desde mi experiencia de 20 años entrando a los barrios más calientes de Guayaquil, pobres de siempre, y solamente en los últimos años se ha producido este fenómeno de la violencia.  Por tanto, no podemos aceptar lecturas sencillas que no corresponden con nuestra realidad y que no hayan reflexionado profundamente contra quién nos enfrentamos, qué tipos de estrategias disponemos y que no se evalúe continuamente su desempeño.

Habrá que considerar la estrategia policial, las reformas legales, la depuración institucional, la dimensión internacional del conflicto, el dilema de la dignidad existencial de los afectados, las políticas carcelarias, la discusión de los derechos y obligaciones de policías y bandas de crimen organizado, la concienciación a través de la difusión de ideas, entre tantas otras cosas.

Quiero terminar citando a Platón cuando relataba la condena de Sócrates en Atenas, y que me parece muy apropiado citarla como un llamado a los guayaquileños a responder a la altura del desafío:

“Mi buen amigo, siendo ateniense, de la ciudad más grande y más prestigiada en sabiduría y poder, ¿no te avergüenzas de preocuparte de cómo tendrás las mayores riquezas y la mayor fama y los mayores honores, y, en cambio, no te preocupas ni te interesas por la inteligencia, la verdad y por cómo tu alma va a ser lo mejor posible?”. ¿Será que finalmente terminaremos despertando de nuestro letargo? Esperemos que no sea tarde para cuando reaccionemos.