El panorama económico de Ecuador es complejo: el crecimiento y el empleo están estancados, la sostenibilidad fiscal requiere una constante implementación de ajustes fiscales con menor viabilidad política cada vez; por último, la comprensión del fenómeno económico se distrae por la carencia de un mínimo de gobernabilidad en lo político.
El fenómeno político que ha
irrumpido como novedad es el crimen organizado y sus diversas expresiones de
violencia: magnicidios, masacres, sicariatos, secuestros y extorsiones
(vacunas). Esto ha afectado muchas esferas sociales, al punto de no saber cómo
abordar el problema desde la perspectiva de gobierno. Los datos de migración
muestran un éxodo inusitado, pero la sensación de zozobra en que viven los
barrios populares del Gran Guayaquil ha convertido a la inseguridad y la
violencia en una preocupación que angustia a todos los ciudadanos.
Algunas manifestaciones de este
fenómeno en la política, la economía y la sociedad civil respectivamente son:
(1) la irrupción del crimen organizado en la captura de la justicia y los
medios de comunicación, (2) la manipulación de las protestas violentas en las
reformas de los combustibles y (3) las vacunas y secuestros generalizados en la
ciudad de Guayaquil. Todo esto de la mano de un aumento explosivo en el número
de muertes violentas. En 2024, 35 por cada 100,000 habitantes, una de las tasas
más altas del mundo. Por lo que, para que no quepa duda del fenómeno, el
semanario The Economist nos denomina el nuevo narcoestado del planeta.
Las causas que llevan a The
Economist y su investigación periodística a esa conclusión son las
siguientes: (1) una buena infraestructura física y organizacional del país para
las actividades exportadoras sobre la que montarse, (2) una economía dolarizada
donde la moneda en que el crimen organizado transa sus actividades es la moneda
de curso legal, facilitando el lavado de activos, (3) un marco institucional
del Estado débil, altamente corrupto, y por ende fácil de infiltrar, y (4) la
cercanía geográfica de los polos de producción de cocaína. Tanto es así que
estudios de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito
(UNODC) indican que el 73% de la cocaína traficada en el mundo sale de Ecuador.
El último episodio de esta
barbarie lo protagonizó el enfrentamiento entre facciones de una misma banda de
los Tiguerones, entre los Igualitos y Fénix, que terminó en una masacre
de 22 personas en Socio Vivienda 2 y, a renglón seguido, al menos 5
asesinados dentro de la famosa Penitenciaría del Litoral. Pero para que
tengamos claros los órdenes de magnitud, de mantenerse los 750 muertos, y
aunque no salga en los medios locales, todos los días hay tantos muertos como
en estas dos últimas masacres, aunque no lo digan los medios internacionales.
Hemos llegado a la escalofriante cifra de ¡un muerto por hora!
A buen seguro, podríamos decir
que en Ecuador se cometerían cuatro veces más asesinatos por año que los que la Comisión Nacional de Verdad y Reconciliación imputa a Augusto Pinochet en Chile (2,279 asesinatos). Los ideólogos de izquierda suelen denominar a estos regímenes
autocráticos de fascistas, como si el fascismo fuera un rasgo único y exclusivo
de la derecha. Pero las bandas nacen en barrios marginales manipuladas por toda
una cadena de narcos involucrados en esta despreciable actividad (productores,
traficantes, grupos de crimen organizado y lavadores de activos). En Colombia,
por ejemplo, estaban vinculados con causas reivindicatorias de la izquierda
violentista, allá denominadas guerrillas.
Si no somos capaces de ofrecer
una solución sistémica al problema, en lo filosófico-político, es muy poco lo
que podemos esperar que se pueda avanzar desde lo económico. Hace falta
comprender seriamente el problema, evaluar sus consecuencias, orientar la
acción de los gobernantes sobre un conjunto de propuestas y comunicar e
implementar las decisiones de gobierno; sin esta comprensión de gran alcance no
podremos empezar a luchar la guerra contra el crimen organizado más allá de lo
físico y el recurso a la “mano dura”.
Adam Smith decía: “Muy poco más
se necesita en una sociedad para pasar de una situación de barbarie a una de
opulencia que: impuestos fáciles, predictibilidad de la justicia y un razonable
estado de seguridad física”. En Ecuador y Guayaquil, epicentro del conflicto, todos estos presupuestos se han
incumplido.
Este es el sentido en que se debe
comprender lo político del problema de la violencia: una condición sine qua
non a cualquier acción de política pública o de reforma económica, si
queremos empezar a recuperar la senda de desarrollo (hacia la
"opulencia", como decía Smith).
Si no recuperamos la capacidad
del Estado de tomar acciones en beneficio del bien común, ante los problemas de
acción colectiva, la captura de la acción del Estado pronto avanzará aún más
hacia lo privado. Tómese como ejemplo la pérdida fiscal que produce el tráfico
de combustible (aproximadamente 2% del PIB por año), la corrupción y secuestro
producidos por las mafias del sector eléctrico (que nos enfrentan a un déficit
de más de 1,000 megavatios y nos mantendrán en riesgo de apagones
constantemente). Estos hechos, en ausencia del fenómeno de la violencia, se
tratarían como un problema técnico con muchas propuestas alternativas de
solución.
Dimensiones del problema
Sin un buen diagnóstico, no
seremos capaces de abordar el desafío. Hace falta comprender mejor el problema
de la violencia. En mi condición de economista y de constructor, he podido
adquirir una perspectiva a partir de mi experiencia de trabajar en los barrios
marginales de Guayaquil por casi dos décadas, que, adicionalmente a lo que
acertadamente determina como causas The Economist, considero que
deberían entenderse respecto a los diversos tipos de enemigos que enfrentamos:
- La renta económica que persiguen las bandas.
En 2020, cuando se empezó a generalizar el fenómeno de las vacunas,
mientras terminábamos de ejecutar un alcantarillado cerca de la Playita
del Guasmo, constantemente sufríamos paros por levantamiento de cadáveres
cerca del sector de nuestras excavaciones. Me preguntaba ¿por qué se
producía esto? La mejor respuesta es que nuestra tubería en instalación
atravesaba diferentes sectores limítrofes entre bandas de micro traficantes
empeñados en extender su zona de expansión y provocando estos ajustes de
cuentas, por lo que terminaban siendo arrojados a nuestras excavaciones
por conveniencia. La renta que repartir era el número de potenciales
compradores de la droga que vendían, usualmente H.
- La organización de la banda criminal que se enfrenta. En 2024 trabajaba en un sector llamado Monseñor Leonidas Proaño, también conocido como Colinas de la Florida, detrás del complejo judicial de la Florida, muy cerca del Quinto Guayas. En este lugar fue muy difícil trabajar, a pesar de estar cerca de uno de los cuarteles de policía más grandes de la ciudad, los extorsionadores eran implacables. Al parecer, el sector es un lugar donde una sola banda de los Tiguerones opera organizadamente. De tal manera que no es fácil enfrentarse a ellos cuando las estructuras criminales están tan sólidamente organizadas. Lo mismo se puede decir del Cerro Las Cabras en Durán, sino piensen en el alcalde Chonillo, que no pudo ni siquiera posesionarse físicamente.
- El nivel de criminalidad del sector. A pesar
de haber trabajado en muchos sectores peligrosos del Gran Guayaquil:
Durán, Los Guasmos, Daule, Monte Sinaí, Bastión Popular, Flor de Bastión,
Isla Trinitaria, Suburbio, etc.; siempre hubo lugares en los que era mucho
mas difícil trabajar por el nivel de inseguridad. En 2017, cuando
trabajamos en la construcción de la iglesia para la Parroquia Don Álvaro
del Portillo, en Socio Vivienda 1, había un constante temor de que nos
asaltaran desde Socio Vivienda 2. Este fue un proyecto del gobierno de
Correa en el que fueron destinados a vivir los desterrados de todos los
barrios marginales: reubicados de Esmeraldas Chiquito, del Suburbio en
Guayaquil y otros programas que lo que hicieron fue constituir un ghetto
dentro de la ciudad. Antes y ahora,
ha sido un sector que la policía ha optado por dejarla a su suerte. Por
tanto, hay sectores donde el nivel de criminalidad es especialmente
arraigado y se debe tener esto en cuenta, porque esta es una variable muy
importante para considerar cualquier intervención.
- El vínculo con las organizaciones
transnacionales. Este fenómeno es uno que no todos están plenamente
conscientes, pero al parecer tiene consecuencias nefastas por la
introducción de prácticas sanguinarias importadas de las bandas mexicanas,
o un afán de captura de los grupos políticos para fomentar la dependencia
del dinero fácil que les facilite las operaciones, sello propio de las
bandas del este europeo. En realidad, debo confesar que, en el momento en
que me di cuenta de este fenómeno en 2023, ya no solo en una obra, también
en los municipios (de ahí el nombre del narco contratistas o narco alcalde),
me dije a mí mismo: “hasta aquí no más conmigo. Tengo que salirme de este
negocio porque en cualquier momento termino asesinado por estos criminales”.
Y eso lo digo luego de haber sufrido un secuestro, varios asaltos, sufrido
tiroteos, vandalismo, vacunas, robos y saqueos; pero no de la manera
organizada y sistemática en que estamos viviendo los últimos años.
¿Qué hacemos ahora?
Este es un problema mucho más
complejo que el que nos han querido vender, de uno u otro bando en la campaña
política. No creo que una opción sea pro y otra anti. Tampoco creo que ninguno
tenga posibilidades de resolver el problema negociando, porque este no es un
enemigo, son muchos y ya desembarcaron con tanta variedad y proporciones que no
hay mando unificado con el que negociar. Lo cierto es que hay que plantarle
cara al problema, y tenemos que conocer cuál es el político que esté dispuesto
a esto.
De urgencia, tendremos que
definir, de una vez por todas, una verdadera estrategia de seguridad. Habrá que
ir ajustándola en el camino, pero que debe estar clara en sus líneas generales
para todos. Cierto que será mucho más compleja que solamente pensar en la mano
dura, pero hace falta más allá del eslogan y de la indignación, hay que empezar
a pensar y actuar en consecuencia. Evitando creer que se pueden seguir
estrategias genéricas o recomendaciones que son una interpretación simplista de
un caso histórico, sea este el de Medellín o el de Bukele. Por ejemplo, escuché
con asombro a un especialista del caso de Medellín decir que el problema no es
la violencia sino la falta de oportunidades (Ver Entrevista
Jorge Melguizo en Contacto Directo). Yo me niego a creer en estos mensajes simplificados
de la historia, al menos desde mi experiencia de 20 años entrando a los barrios
más calientes de Guayaquil, pobres de siempre, y solamente en los últimos años
se ha producido este fenómeno de la violencia.
Por tanto, no podemos aceptar lecturas sencillas que no corresponden con
nuestra realidad y que no hayan reflexionado profundamente contra quién nos
enfrentamos, qué tipos de estrategias disponemos y que no se evalúe
continuamente su desempeño.
Habrá que considerar la
estrategia policial, las reformas legales, la depuración institucional, la
dimensión internacional del conflicto, el dilema de la dignidad existencial de
los afectados, las políticas carcelarias, la discusión de los derechos y obligaciones
de policías y bandas de crimen organizado, la concienciación a través de la
difusión de ideas, entre tantas otras cosas.
Quiero terminar citando a Platón
cuando relataba la condena de Sócrates en Atenas, y que me parece muy apropiado
citarla como un llamado a los guayaquileños a responder a la altura del
desafío:
“Mi buen amigo, siendo ateniense,
de la ciudad más grande y más prestigiada en sabiduría y poder, ¿no te
avergüenzas de preocuparte de cómo tendrás las mayores riquezas y la mayor fama
y los mayores honores, y, en cambio, no te preocupas ni te interesas por la
inteligencia, la verdad y por cómo tu alma va a ser lo mejor posible?”. ¿Será
que finalmente terminaremos despertando de nuestro letargo? Esperemos que no
sea tarde para cuando reaccionemos.