jueves, 20 de mayo de 2021

Maquiavelo, Nietzsche y el valor de la palabra

 Mas rápido cae el mentiroso que el ladrón titularía Nebot a este artículo, yo en cambio argumento lo contrario. Lo cierto es que después de los hechos insólitos ocurridos en la designación del presidente de la Asamblea en la semana pasada a muchos le ha sobrevenido la sensación de que otro tipo de política es posible.  Sin embargo, en la entrevista de esta semana a hecha por Boscan a Nebot en La Posta se ha empezado a enmarcar el aborto de Lasso del pacto con UNES-PSC-CREO como una prueba de “incumplir la palabra como presidente y como ser humano”.  Abriendo un supuesto abismo entre la actitud de Nebot y de Lasso. ¿Cómo se puede conciliar estos dos sentimientos? ¿Quién tiene la razón?

Muchos analistas creen que ha sido un error no seguir aliado a Nebot como así lo dijeron en una entrevista el mismo Anderson Boscan y Oswaldo Moreno el domingo pasado en TC televisión frente a Carlos Vera.  Otros, sin embargo, aciertan en decir que es una decisión coherente y elogian el accionar de Lasso.  Así lo expresaron Roberto Aguilar en el Expreso y Jose Hernandez en 4 Pelagatos.  Sin embargo, ninguno logra justificar su respuesta.  Analicemos los aspectos pragmáticos y éticos de la decisión para valorar correctamente lo sucedido y anticipar qué podría pasar en el futuro.

Maquiavelo y el fin justifica los medios

El primer problema que debemos sortear para resolver esta supuesta disyuntiva es aclarar la posición que argumenta Nebot como lo que realmente es.  En este sentido conviene partir diciendo que efectivamente su propuesta era la más conveniente para el país, puesto que consigue el fin de manera más segura: gobernabilidad.  Esto debido a que la alianza UNES-PSC-CREO (49+ 18 + 12 = 79 votos) asegura la mayoría sin requerir de los independientes.  Por otro lado, la alianza PK-ID-CREO-Independientes (70 votos) entre otras cosas se hace con un partido que hizo campaña con propuestas contrarias al plan de gobierno de Lasso (reducir la apertura comercial, prohibir la exploración petrolera, reversar la liberación del precio de los combustibles, entre otras), por tanto, es una alianza inestable que no asegura nada más que la presidencia y le ha requerido entregar cargos en el Ejecutivo para asegurar lealtades de los independientes. Hasta aquí Nebot acierta.

Sin embargo, el tema que se está dejando de lado es el medio para conseguir esa mayor gobernabilidad política.  Pues suponía, ni mas ni menos, pactar tácitamente con el correísmo acerca de los temas mas escandalosos de la política ecuatoriana: los hechos de corrupción en el gobierno de Correa.  Vale decir, el fin justifica a los medios, una máxima que Nebot no dudó en aclarar: “que pactaría con el mismo diablo si fuera necesario”.  Pero el problema no termina solamente en aclarar que el fin no justifica los medios. 

Nietzche y el valor de la verdad

El filósofo del nihilismo moderno, Friedrich Nietzsche, habló sobre esta idea de la verdad en <<Sobre la verdad y la mentira en sentido extra moral>>.  Ahí reconoce la importancia de la definición de los conceptos unívocos para una adecuada convivencia política.  El problema es que su propuesta era que sean los políticos los que vacíen de contenidos morales las ideas y los redefinan en la acepción que les convenga para que pueda haber convivencia política, sino estaríamos condenados al barbarismo.

En este sentido, el problema más complejo es el de la narrativa interpuesta en la fallida alianza.  Según se entiende de la entrevista, Correa planteó el tema de la Comisión de la Verdad y Lasso se opuso desde un principio para que luego Nebot la modificará con la máxima: “impunidad no, persecución política tampoco”.    A pesar de la sorprendente elocuencia de Nebot, este era un recurso para lanzarle una boya al correísmo para que consiga escamotear de alguna manera los procesos en su contra.  Tanto es así, que en un momento cumbre de la entrevista, Boscan le pregunta a Nebot: “¿Ud. me quiere hacer creer que Correa de repente se llenó del Espíritu Santo al proponer lo que proponía?”. A lo que Nebot, con una magistral habilidad le responde: “Piense Ud. que para un perseguidor -Correa-, que le ofrezcan no ser perseguido es un logro, pues en su cabeza eso es lo que el teme”. No en vano Nebot ha llegado tan alto en la política ecuatoriana, en público y en privado, no es fácil sorprenderlo.

Mas allá de las obvias generalidades que supone no discutir sobre la independencia de la impartición de justicia aquí aparece el principal problema con el que el correísmo ha hecho su estampa en la política ecuatoriana: la manipulación de la verdad.  Hay que tener un nivel de hipocresía que raya con el cinismo para decirnos que la idea de conformar una Comisión de la Verdad no era con el propósito de revertir los fallos de alguna manera que le de legitimidad política, aunque sea acosta de una inmoralidad.  Otros políticos argumentaban en este sentido, tal fue el caso de Otto Sonnenholzner en Los Desayunos de Teleamazonas cuando dijo esta semana: “que antes que suscribir ese acuerdo seria preferible gobernar por decreto”.

En un intento de enmascarar sus intenciones Correa hace alusión al Pacto de la Moncloa en España y el de la Concertación en Chile como antecedentes para gestar la Comisión de la Verdad en Ecuador.  Descontextualizando hechos históricos como que la materia de la unidad era sobreponerse a crímenes cometidos por sendas dictaduras en contra de su propio pueblo.  Además de omitir el hecho de que ambos fueron acuerdos con casi la totalidad de fuerzas políticas y no solo con un espectro de ellas como en el Ecuador lo son los partidos populistas de izquierda y derecha que representan el correísmo y el socialcristianismo en Ecuador.

Mas importante todavía es que al vaciar de contenido las ideas.  Al comparar los hechos injustos cometidos por un gobernante atentando contra la vida en búsqueda de la paz social y confundirlos con hechos injustos cometidos por un gobernante para obtener beneficios económicos y repartirlos entre sus partidarios a costa del bien común; lo que se intenta es redefinir los conceptos.  Lo uno se explica para conseguir un perdón para que los violentados no perpetúen la violencia, lo otro supone impunidad para que los ladrones disfruten del dinero. ¡Bendita analogía!  Aun si fuera posible demostrar que en el corto plazo la corrupción no es ineficiente, como de hecho algunos modelos lo prueban, todavía sigue siendo claro que en largo plazo no lo es.  Para lo cual, los escándalos de corrupción en las principales ciudades del país no son más que la punta del iceberg.  Pero aun si esto fuera posible, tampoco nos parece moralmente adecuado vaciar de contenido el tema de la corrupción de los actos de gobierno so pretexto de conseguir mas gobernabilidad.

Del Ecuador del encuentro a la Real Politik

Hay un pasaje evangélico que ilustra muy claramente las disyuntivas vividas en este episodio de la política del cual el presidente Lasso tendrá mucho que aprender de cara al futuro.  Sabiéndose despedido, el mal administrador llamó uno a uno cada a los deudores de su amo para anotarle una cantidad inferior en el registro de sus deudas a cambio de ser compensado cuando el esté afuera del cargo.  El Señor parece alabarlo cuando le dice: “Porque los hijos de este mundo son mas astutos en su trato con lo demás que los hijos de la luz”.

Es indudable que la capacidad de los políticos con los que se reunió Lasso, para buscar el bien personal camuflado en el bien común es extraordinaria.  Mas todavía, a pesar de haber sido expuestos en sus pretensiones, son capaces de revertir y estructurar la información de tal manera que hacen parecer a la víctima como el victimario.  De estos dos hechos hay que saber extraer lecciones, pero para encauzarlas a fines mas nobles.  Desde dónde se reúnen, a quién invitan, qué temas van a tratar ya se está haciendo política y hay que saber cómo jugarla.  No se puede meter la cabeza en las fauces del león y esperar que no te la coman.

En este sentido los operadores políticos de Lasso deben aprender a hacer estrategia política. A no confundir con la comunicación política que tiene Duran-Barba, en lo primero este no ha sido muy bueno.  Recomiendo que confirmen con Macri si me equivoco.  Me atrevo a recomendar perfiles que consigan esos objetivos.  Voy a usar el nombre de un político fallecido, tío de un amigo, para no implicar recomendaciones o insinuar que corten cabezas.  Estoy pensando en alguien como el “cavernícola” Ledesma Ginatta.  Quien era un hombre de la ID que fue ministro de Duran-Ballen, un político que conocía el intríngulis de las relaciones políticas, con el que todos hablaban y le podían confiar, que era capaz de proponer estrategias inteligentes y llevarlas a cabo sin proponer graves conflictos morales al hacerlo.  Pedido complejo en todo caso, pero eso es lo que se necesita.  Además, tenía una pinta como la W. Churchill.

Por ahora espero que quede claro en la opinión de la gente que no hay razón para creer que el fin justifica los medios.  Además, y más importante, la verdad no es algo que se construye desde lo político.  A lo sumo, es algo que debemos descubrir con los otros a través del diálogo con todos aquellos, que a pesar de las diferencias, vivan en coherencia con lo que piensan.  Nebot y ciertos líderes indígenas, a pesar de que en algunas cosas se equivocan, han demostrado esa coherencia en este y otros casos.  Si Correa quiere entrar en este grupo que se entregue a la justicia, y reconozca su gran responsabilidad histórica con los daños al país, sino ya quedó superado.  Esto al menos, debemos reconocérselo a Lasso. 

Ojalá Nebot reconsidere su posición respecto a Lasso.  También que Lasso aprenda desde la humildad y haga un esfuerzo por reconstruir el “abismo” que los separa.  Las asombrosas coincidencias de este gobierno con el de Mahuad no dejan de aterrorizarme.  Por el bien del país espero que ninguna de las predicciones apocalípticas de los opositores se hagan realidad.  Ambos líderes deberían hacer su mea culpa y reconocer que “las palabras se les fueron más allá de los conceptos”. 

Espero haber justificado que el valor de la palabra es indispensable en la política, como en toda relación humana, pero esta pasa a segundo plano cuando jugamos con el valor de la verdad y el compromiso que esta entraña se ajusta a definiciones según lo que nos conviene.  Para lo demás espero el milagro.  Yo en todo caso todavia guardo esperanzas en el nuevo presidente.

viernes, 26 de febrero de 2021

Matanza en las cárceles: ¿pugna de poder entre bandas, falta de rehabilitación social o corrupción de gobierno?

 El país está consternado por los hechos sucedidos el 23 de febrero.  Una matanza, donde han decapitado, ahorcado y matado a 78 personas en tres cárceles: “Las cárceles del Ecuador son tierra de nadie”, consignaría la DW alemana.  En un operativo coordinado para ejecutarse en la mañana de ese martes motivado por una sublevación de las filas inferiores de una banda de crimen organizado, Los Choneros (o los Nuevos Choneros), en contra de los Lagartos.  Asi se cometía la peor masacre de la historia carcelaria del Ecuador.  Un recuento de los antecedentes y las potenciales consecuencias es desarrollado con bastante acuciosidad periodística en una entrevista de Andersson Boscan de La Posta, por donde pasa el exministro de gobierno de Correa, el actual asambleísta Serrano; y una sicóloga que trabajó en el sistema carcelario ecuatoriano, la Dra. Gladis Montero. 

Es una entrevista de más de una hora, y que recomiendo ver por lo novedoso de los antecedentes de este fenómeno violento que se ha venido incubando durante algunos años hasta terminar en los hechos macabros sucedidos.  Recomiendo ver la entrevista para diferir el interés curioso por ver videos de escenas propias de película de terror, que yo me he abstenido de ver por considerar que no me aportan en nada para entender el fenómeno y peor aún me podría dejar perturbado por lo que he escuchado decir que aparece en esos videos.  Siento lástima por lo que le ha sucedido a estas personas, y escribo estas líneas como una forma alternativa de ayudar a dar luces sobre la situación que para muchos era desconocida, aunque como decimos, no es novedosa para los que están vinculados con estos temas de seguridad pública.

La disputa del liderazgo en las cárceles

Una primera lectura, asociada con la línea de La Posta, es que esto se trata de una <<disputa de territorio>> entre bandas de crímen organizado, Los Choneros y Los Lagartos, por el control de las cárceles.  Vale aclarar, que el móvil fundamental de estas bandas es la de hacer el trabajo logístico (traslado de la droga desde donde se produce hasta donde se consume) de los grandes carteles de narcotráfico de Ecuador y del mundo.  Por tanto, mucho de lo escuchado en la entrevista revela la operación del negocio de narcotráfico en donde se usan los puertos de Guayaquil y Manta como puerta de salida la droga.  Según la versión relatada por Boscan, resultado del asesinato del líder de Los Choneros en diciembre pasado, alias Rasquiña, se empezó a tramar esta revuelta en la que aparentemente se estarían sublevando las bases de la organización para retomar el control de la organización, a manos de unos capos distintos a los actuales.

La historia es muy impactante por los antecedentes de las matanzas, y uno podría quedarse con la tesis de que se trata de una revuelta para el control de las cárceles.  En mi opinión, esta no parece una explicación razonable.  Lo que sucede tiene es que controlar las cárceles es un objetivo bastante cuestionable por sí solo.  Pregúntese Ud. cómo es posible que se hable que en una cárcel sea posible ejercer un control armado por parte de los prisioneros.  No les parece risible, creer que eso sea un objetivo sensato, de no mediar un problema mayor.  Es como si los pacientes piensen en tomarse los quirófanos después de que los médicos le pongan la anestesia.  ¿La pregunta en cuestión debería ser por qué no es posible controlar las cárceles? ¿Por qué si el objetivo es producir terror no lo hacen en las calles donde no se lo puede capturar con seguridad?

La teoría de la falta de rehabilitación de los PPL

La sicóloga entrevistada por Boscan comentaba que el problema es una lucha por la autoridad entre dos poderes: El Estado y las bandas.  Según esta versión, lo que sucede es que por una multiplicidad de problemas, las cárceles no son el lugar mas apropiado para rehabilitar a una persona, y por eso, las bandas se aprovechan para enrostrar su poder en contra de un Estado fallido, incapaz, corrupto y que no acierta en diseñar políticas que realmente ayuden a los PPL.

Esta versión es un poco más general y reconoce el problema de autoridad y anota muchas causas, muchas de las cuales seguramente deberán ser parte de la solución.  Pero se equivoca, del medio a la mitad, al creer que la solución pasa por aminorar las penas y por diseñar ambientes que faciliten la recuperación de los delincuentes.  Esto lo digo, porque creo que son las típicas expresiones de las personas que antes diversos problemas siempre ofrecen la misma solución.  Como dice el refrán: <<para todo aquel con un martillo, todo problema es un clavo>>.  En mi opinión aquí se están confundiendo problemas.  Esto, porque un acto de terror como el acontecido tenía un objetivo de control con consecuencias políticas (¡si también la mafia tiene problemas de organización y política!); lo que difícilmente se hubiera podido evitar con medidas tan genéricas como las que se estaría pensando: suavizar las penas, rehabilitar mejor a los PPL, entre otras.

Me parece conveniente advertir los problemas de estas ideas sino vamos a confundir o agravar los problemas aún mas, en un tema ya de por si bastante complejo.

La teoría de la corrupción del gobierno

Finalmente, el asambleísta Serrano ha referido que se trata de un problema de corrupción de gobierno.  En donde los ministros de gobierno de Lenin han negociado la liberación de Rasquiña a los 5 años -en junio pasado-, cuando fue sentenciado a 20 años por homicidio, a cambio de conseguir información de cómo se estarían controlando las cárceles.  Esto ciertamente resulta escandaloso de conocer que las autoridades trabajen con tal nivel de ingenuidad -sería la segunda vez, que escucho esto, como en el caso del reparto del IESS-.  Y, aunque no descarto que pueda ser cierto, me parece que el problema de corrupción si bien tiene parte importante de la explicación, no me parece que sea en el sentido que está mencionando el asambleísta.  En primer, lugar la muerte de Rasquiña y la matanza de las 78 personas no se derivan como consecuencia de haberlo dejado en libertad.  La muerte de Rasquiña obedece, según Boscan, a la intención de Los Lagartos de aplanar el camino del narcotráfico en Guayaquil a través del puerto, en el que Los Choneros estaban tratando de meterse -disputa de territorio-.  Según indica el periodista, fue un acto de sicariato encargado al cartel de Sinaloa, pues nadie más se hubiera atrevido. Uno podría decir: ¡En todas partes se cuecen habas!.

Lo mas importante es que esta versión no explica por qué el gran problema de la delincuencia sería controlar las cárceles, y por qué el tratar de hacer un acuerdo para desarticular una banda no sería algo deseable.  Sobre todo, sabiendo que el mismo Serrano se fue a EE.UU. a traer a Carlos Pareja Yanuzelli, alias Capaya, para ayudar a descubrir las redes de corrupción en PetroEcuador.  Además de sindéresis e imparcialidad partidista yo preguntaría de qué manera el liberar a Rasquiña explica todo este descalabro.  A mi no me basta.

El Estado fallido, la corrupción, el juego y la institucionalidad del narcotráfico.

Ahora mi versión.  El problema del narcotráfico en Ecuador consiste en entender cómo es el conjunto de reglas, si quieren instituciones, en el que operan estas actividades ilícitas.  Este es un tema serio, pero se lo puede pensar análogamente a un juego, donde el capo opera desde su cuartel o la cárcel, entra y sale cuando le conviene y por eso importa tomarse las cárceles.  De esta manera, cuando entran pueden seguir operando desde adentro, y por esta razón, es que con la corrupción de policías y jueces meten metralletas y motosierras hasta los pabellones de máxima seguridad.  O me van a decir que es muy difícil controlar que entren celulares y armas a una cárcel.  Piensen los cientos de miles de pasajeros que pasan por los aeropuertos y les quitan hasta el corta uñas de la maleta de mano.

Por otro lado, los que mueren son los que hacen la logística, Los Choneros y Los Lagartos; los jueces, los capos y los policías no se los toca, pero salen ganando dinero -aquí entra la corrupción- y, de cuando en cuando, el gobierno trata de meterse para poner orden.  Al final de la partida, el narcotráfico sigue con su juego: vendiendo droga, corrompiendo a personas e instituciones y matando a discreción.  Las fichas del juego son los capos de la droga, las bandas, los jueces, los policías y los que vienen a gobernar.  Estos últimos o se alinean, o se asustan o se los mata.  Pero nadie cambia las reglas del juego.  ¡Asi o mas claro!

Pobre mi país, es de terror.  Pero lo cierto es que si no cambiamos el juego estamos condenados a morir en el, puesto que  <<El que a hierro a mata, a hierro muere>>.

viernes, 14 de agosto de 2020

La Política Económica como Etica

He pensado en la realidad política y al final creo haber encontrado una buena analogía con la comida que quisiera compartir.  Una cosa es la alimentación y otra es la nutrición.  La primera es un acto de la voluntad para ingerir alimentos, la segunda es una respuesta del organismo de cómo asimilar esos alimentos.  Algo parecido sucede en la política.

Pensemos en dos de los problemas que informan la política ecuatoriana: el problema de la salud pública resultado de la pandemia del COVID-19 y el problema económico en general con sus implicaciones sobre el empleo, la actividad, la liquidez, los impuestos, el gasto público, la incertidumbre, etc.

En estos casos observo un rasgo que denomino la visión de ética de la política.  Una visión que asume que existen unas verdades absolutas, imperativos categóricos kantianos, que por no obedecerlos es que resultan los problemas políticos que nos agobian.

En el caso de la pandemia hemos observado como soluciones normativas no han sido suficientes.  El aislamiento por cuarentena a unos ha llevado a reclamar neuróticamente con un negacionismo asombroso, donde la queja fundamental es que se atenta contra la libertad individual como valor absoluto.  Otros demandan cuarentenas y restricciones más estrictas para todos, desconociendo que hay gente pobre, como si no se hubieran enterado del gran número de personas que viven en condiciones de mera subsistencia que le impiden respetar las cuarentenas.  Estos han desarrollado una actitud de paranoia contra cualquier relajación que limita seriamente la recuperación de algunos sectores de la economía.

Todo es para bien, dice un famoso pasaje evangélico, que es citado en el contexto de situaciones complicadas que parecen agraviar la vida del cristiano.  Pero esto no es justificación para cometer errores del tipo que se cometió en Guayaquil y que se siguen cometiendo en Quito.  Cerrar aeropuertos a los vuelos humanitarios, imponer protocolos inaplicables para enterrar a los difuntos, negociados con los insumos médicos en los hospitales públicos, ocultamiento de la información del número de contagiados, mala coordinación e implementación de medidas de salud, falta de seguimiento y control sobre lo actuado, y una larga lista que no viene al caso.  Una dosis de pragmatismo y sentido común hubiera mejorado notablemente los resultados de las acciones tomadas, pero con la falta de capacidad de nuestros políticos se hizo patética.  O quieren hacernos creer que Andramuño, Ocles, Bucaram y otros nos podrían conducir a otro lado. Quizás con la única excepción de Sonnenholzner, muchos no les confiaríamos ni la suegra a estos personajes.

Cierto es que es un problema de capacidad de la gente que nos gobierna, pero esto a su vez obedece a que no somos capaces de asumir el desafío de la política como corresponde. Nos quejamos porque creemos que la política es como un decálogo que hay que obedecer, y como no se obedece, entonces no participamos y dejamos que cualquier hijo de vecino nos gobierne.  Esta idea de la política como ética es la que en economía nos lleva a creer que la buena economía debe ser la buena política.  Algo así como un mandamiento.  Si no lo cumplimos no somos buenos cristianos.

Cuatro son los rasgos de esa visión política-ética que hay que cambiar.  A no confundir con que yo proponga que el ser humano no tiene ética que cumplir. Sino que una cosa es que yo tenga una visión ética y otra que la política tenga unas normas prestablecidas que sino se cumplen se ha perdido la brújula.  No, al César lo que es del César a Dios lo que es de Dios.

Primero, la política debe ser sobre los hechos y circunstancias realizables.  Si hay un grave problema fiscal, pero paralelamente las empresas perciben una tremenda incertidumbre en su futuro y los trabajadores temen por el fantasma del desempleo que les respira en la espalda; ¿qué creen que les preocupa más, los suyos o el Estado?  Por tanto, la insolvencia fiscal es un problema muy grave, pero no lo suficiente para conseguir la aprobación de nuevos impuestos como se pretendía con las fallidas reformas tributaria. 

A este nivel de realismo, no le falta el reconocimiento de que las ideas pueden inspirar el cambio.  Pero no puede ser un cambio porque lo dice un profeta.  Debe ser un cambio en el que la sociedad confía en que le conviene y actúan en consecuencia.  He aquí una labor para los políticos, para emprender por el logro de un cambio, tal como cuando al nivel de la empresa alguien ambiciona una meta.  El emprendedor no puede pensar que al pasar por caja estará su sueldo, tendrá que proporcionárselo con sus logros.  Lo mismo se puede decir del político.  Este gobierno o el que venga tendrá que entenderlo, así funciona la realidad política.

Segundo, la política es sobre las acciones y sus consecuencias no sobre la teoría y sus supuestos.  Si el gobierno decide que hay que eliminar los subsidios a los combustibles -como yo también lo quisiera-, pero cree que el problema es solamente explicar la racionalidad de la propuesta se equivoca.  Como se equivocó en noviembre y reveló un nivel de ingenuidad política asombrosa.

No reconocer a los grupos de interés que se benefician de una renta por culpa del subsidio y peor todavía, creer que la oposición política no tratará de aprovechar esa coyuntura para alinearse con los afectados es un tipo de error que creíamos superado por este gobierno.  Pero la propuesta de acelerar el anticipo al impuesto a la renta es una prueba en contrario.  Pues a pesar de que en derecho la Constitución de la República reconoce que en estado de excepción el gobierno esta facultado para anticipar el cobro, el gobierno no supo intuir que la oposición está tan cerrada que no puede forzar las cosas si no tiene el poder político para hacerlo.  Letra con sangre entra, asi creo que razonó la Corte Constitucional. Veamos que han aprendido cuando por tercera vez intenten aumentar la recaudación por impuestos, esta vez al patrimonio.

Tercero, la política no se puede abstraer de sus realidades históricas.  Léase que hay que saber con que instituciones y personas se está trabajando.  Por ejemplo, cómo pudieron creer que no iba a pasar algo semejante a lo que pasó con los Bucaram.  A casó no conocen la historia de este personaje.  En este sentido, es un acierto que hayan movido el domicilio del juicio por crimen organizado a Quito donde el nivel de influencia de Bucaram sobre los jueces y fiscales no es el mismo que en Guayaquil.  En sentido contrario, cómo quieren que los empresarios den su brazo a torcer con respecto a los impuestos si los problemas de corrupción son tan generalizados e implican a todos los que hacen gobierno.  ¿Quién puede negar que la falta de coherencia es la principal limitación para demandar compromiso con los sacrificios que pide el gobierno?  O es que pueden creer que no esta mal cuando los que se benefician de los fondos públicos en perjuicio del bien común son los aliados o los allegados del presidente.  Aquí si cabe la ética, pero la ética de la responsabilidad individual, de la que dice robar es malo, y robar de la cosa pública es doblemente malo.  Mientras esto no se corrija, y no se corregirá mientras siga el mismo gobierno, las posibilidades de que acepten el ajuste fiscal las considero remotas.

Cuarto, la política es un arte difícil de sistematizar o codificar.  En este sentido la tesis-receta de los organismos internacionales de que se debe realizar una reforma laboral, fiscal y tributaria es difícil de aceptar.  Me cuesta mucho creer que podamos abordar los tres temas simultáneamente, ni este gobierno ni el que vendrá, tienen o tendrán ese capital político.  Hay que sortear los objetivos del país con miras en unos objetivos realizables.  Exigiéndose mucho mas de lo que hasta ahora, con suerte podrían pensar en una reforma fiscal y previsional.  Y esto porque los sacrificios que se piden en materia de impuestos se pueden comprometer para el éxito de la reforma previsional.  Por ejemplo, terminando con las estructuras políticas clientelares (la estructura de gobierno del IESS) y recuperando la viabilidad financiera de la seguridad social con reformas como el aumento de edad de jubilación, separación de la función de salud de la de jubilación, cambio de cálculos de pensiones en función de salarios relevantes de aportación, entre otras.  Pero encima de esto, intentar una reforma laboral, me parece iluso.  ¡Por qué no mejor pedimos que ganemos el próximo mundial jugando contra Alemania en la final!

La política al igual que la alimentación tienen algunas reglas.  Lo que comemos como alimento, lo podemos controlar; la nutrición, que sigue procesos biológicos, sigue ciertas reglas que debemos reconocer, pero no controlar.  Entonces, venir a decirnos que el problema del país se debe a que no hacemos en lo económico lo que debemos hacer, es un moralismo de nivel profético.  Ni los que ofrecen pócimas milagrosas se atreverían a pedir tanto.  Necesitamos política de la realidad y menos de la política escudada en la ética.

domingo, 21 de junio de 2020

¿Augusto de la Torre o Pablo Lucio-Paredes?


En este artículo quería analizar el problema de la corrupción y los gobernantes, algo así como: Alibaba y sus 40 ladrones.  En su defecto, voy a analizar una de las tantas consecuencias nefastas que tiene este flagelo sobre el Ecuador.  El gobierno ha decidido conformar un grupo de personas - sin un vínculo formal que los obligue y sin sueldos- para que cumplan un rol de autoridad.  Básicamente, que aconsejen al gobierno en materia económica en estos momentos tan complejos que vive el país.  Hay otros ejemplos de institucionalidad semejante al propuesto en el país.  Por ejemplo, el Council of Economic Advisers en EE.UU. o los consejos consultivos que existen para tantas materias dentro y fuera del Ecuador. No me quiero detener en los detalles institucionales porque es un tema de suyo interesante, sobre el cual habrá que regresar en otro artículo. Salvo, para alertar que confío que las personas encargadas hasta hoy no desfiguraran el encargo o desprestigiaran el concepto como ya pasara en décadas pasadas con el concepto de independencia del banco central.  Lo que quiero tratar en este artículo es dos ideas con una raíz común: la falta de institucionalidad que facilite la participación ciudadana y la falta de condiciones políticas que permitan un ajuste fiscal.  Veamos cuál es esa raíz común.
Este grupo está encabezado, al menos así me parece a mí, por uno de los macroeconomistas de mayor prestigio internacional que tiene el Ecuador, un hombre con experiencia académica y hacedor de política económica con una mezcla adecuada de cada una para el desafío entre manos.  También lo integra un ex ministro de Finanzas de Rafael Correa, que lo decidió contrariar en el momento de su mayor apogeo político, lo cual habla bien de su integridad profesional; además de ser un conocedor de los pormenores fiscales de un país que se ha caracterizado por la discrecionalidad y la falta de transparencia que dificulta la ejecución de política económica.  Para muestra un botón, en la mitad de la pandemia no conocíamos con exactitud las cifras fiscales por la tendencia de trasladar cuentas entre el gobierno central y el sector público no financiero de manera de esconder el nivel de endeudamiento, hasta que el FMI retrasó los compromisos y solicitó que se aclaren las cuentas de la contabilidad pública, explicitando que los déficits en el presupuesto eran mayores. 
En una segunda tanda, fue incorporado un buen econometrista, compañero mío y del cuál tengo un buen concepto profesional, y que tiene una fuerte vocación por trasladar todos los problemas a una confrontación con datos y modelos con el recurso particular a su especialidad, la econometría de series de tiempo.  También se integró un periodista económico de la sierra con larga experiencia en la política.  Particularmente, como diputado en el Congreso durante la crisis financiera de 1999 y la dolarización del 2000.  En estas épocas, le tocó vivir en primera persona como legislador la creación de la AGD, la fiscalización durante el congelamiento de depósitos, la aprobación de la dolarización y las famosas leyes Trole.  Todas experiencias de valiosa relevancia para evitar caer en los mismos errores que se cometieron en el pasado.
Así se conformó el equipo con Augusto de la Torre, Fausto Ortiz, Manuel Gonzalez y Vicente Albornoz.  También se supo que Pablo Lucio-Paredes declinó la posibilidad de participar en dicha comisión.  Hasta ahora yo era partidario de la tesis expuesta por Augusto de la Torre en entrevista al diario El Universo: “Para mí, al estar el país en una situación tan delicada y si el Gobierno te invita, es una irresponsabilidad decir no, por un mínimo deber cívico”.  Independientemente, de si tenga o no la razón, si hay que reconocer que Augusto de la Torre está “poniéndose la camiseta” del país y está poniendo en riesgo su reputación profesional también al hacerlo.
No obstante, respecto de Pablo Lucio-Paredes, de quien tuve el gusto de conocerlo cuando fuera mi profesor en la ESPOL, guardo también los mejores conceptos.  Cuando leí su editorial en el mismo diario este sábado: ´No creemos en nada´,  nos recordaba de la indignación que vivía el país luego de que se revelaran los aportes de campaña del banquero Aspiazu al presidente Mahuad después de la decisión del feriado bancario de 1999.  Obviamente, la indignación estaba justificada por las terribles consecuencias económicas para todos los ecuatorianos de esa perniciosa relación entre el dinero y la política.  Vale recordar, que Pablo Lucio Paredes, presidió el ente regulador responsable de la decisión del congelamiento de depósitos.  Lo interesante es que el condicionó su permanencia en el cargo a que si se congelaban los depósitos también se debían congelar los activos de los bancos de manera de impedir que los banqueros desviaran recursos y se arrancaran con los depósitos de la gente o los créditos otorgados por el banco central, como finalmente ocurrió.  Al no aceptarse su recomendación, tres días después renunció al cargo.  El resto forma parte del más grande salvataje bancario y sus consecuencias nefastas para el país.  Por tanto, creo que a mi profesor se le ha de haber venido a la mente la situación vivida en 1999 con la invitación a formar parte del grupo asesor con lo que actualmente pasa en la política entre el presidente Lenin y los escándalos de los hospitales, supuestamente entregados como cuota política a los Bucaram por los ministros de la denominada Ruptura de los 25.  El curioso parecido entre lo que pasó con Mahuad y Aspiazu es innegable.  Por lo que no quisiera juzgarlo por su decisión tampoco, ya que él ha de creer con justo derecho, que esto es un ejercicio de distracción para lo que realmente importa para sacar el país adelante: que es cortar ese pernicioso vínculo entre el dinero y la política del Ecuador que todo lo ha corrompido.
Un segundo tema, en el plano mas propositivo, Manuel Gonzalez ha hecho una propuesta por ahora muy controvertida.  Ha planteado la creación de un impuesto al patrimonio y no empeorar más la recesión reduciendo personal este año, pero planteando para el mediano plazo una elevación de 2 pp. al IVA para recuperar la sostenibilidad fiscal.  Sin embargo, las críticas de izquierda y derecha no se han hecho esperar por la falta de “creatividad” de la propuesta.  En todo caso, hay una crítica mucho más fundamental que es reconocida por él mismo, y es que, estamos tratando de rebalancear el presupuesto que es la fuente de los ingresos de la corrupción.  Por lo que todo esfuerzo parece que “caerá en saco roto”.
Debo reconocer que este argumento es más difícil de solucionar de lo que parece.  Por lo que yo pienso que la única solución para implementar reformas y hacer un ajuste fiscal es con un nuevo gobierno.  Lo cual significa postergar las reformas y agravar aún más los problemas o en su defecto adelantar la elección del nuevo gobierno.
No abrigo muchas expectativas de cambio, pero el rol de la autoridad demanda pensar también sobre estos temas.  Como he mencionado en otras ocasiones la función del buen gobierno descansa en dos esferas diferentes: potestad y autoridad.  Instancias que tienen su origen en la Roma republicana, como dicen los romanistas.  Como cuando el cónsul ejecutaba, ejercía la potestad; y el senado aconsejaba, ejerciendo la autoridad. El problema actualmente es que la potestad no tiene la legitimidad para actuar, y no es socialmente reconocida.  Y no se bastará de una autoridad, la comisión de asesores, para corregir esta limitación.  El problema es que la falta de legitimidad obedece a que todo sacrificio fiscal que requieran las medidas de ajuste no será tolerado mientras siga la corrupción generalizada en las instituciones públicas.  Es más, hasta el momento, la división de labores entre economía y política se fundamentaba en que la una trataba sobre los medios y la otra sobre los fines.
Es en este sentido que me inclino en contra de las propuestas de Manuel, pero no porque crea que se equivoca en tanto cuáles sean los mejores medios, es más cuando presentamos conjuntamente un plan de acciones económicas el, otros colegas y yo; convenimos que esto sería lo más apropiado.  Aunque efectivamente, reservábamos la fase de ajuste y reactivación para más adelante porque no la considerábamos oportuna.  La razón porque ahora me opongo es porque creo que el objetivo actual debería ser reordenar los fines políticos en contra de la corrupción, un problema de fines no de medios.  Sin embargo, esta situación, no hace menos urgente resolver el problema económico, lo hace más difícil. Porque debo reconocer que a medida que pase el tiempo, las consecuencias de dilatar las decisiones serán aún peores.  Aunque, también puede haber una ventaja, que es que luego de esa revisión profunda limpiando los excesos producidos por la corrupción, las necesidades de financiamiento bajen y el monto del alza y el tipo de impuestos podrán revisarse consecuentemente. Por supuesto, que esto obedecerá a otra discusión de los fines del Estado que también pertenece a la filosofía política.
Si ustedes recuerdan hace 20 años cuando se decidió la dolarización, más allá de la corrupción de la banca, la dolarización recuperó la confianza de los depositantes en el sistema financiero y la estabilidad del sistema monetario enfocó al sector privado en actividades productivas. Pero ahora, el problema que queremos resolver (recuperar la sostenibilidad fiscal) es facilitar el accionar para un montón de políticos corruptos que han utilizado la cosa pública en beneficio personal.
Mientras no recuperemos la legitimidad sobre los actores de gobierno y sus objetivos, los esfuerzos del gobierno no nos van a llegar muy lejos.  En todo caso, hay que reconocer que este gobierno, luego de las manifestaciones violentas de los grupos indígenas y correistas de octubre del año pasado, consiguió recuperar legitimidad por enfrentar de una manera no violenta a dicha crisis.  En el mismo sentido, el presidente Lenin podría dar demostraciones más integrales de coherencia contra la pandemia de corrupción.  Hacer algo semejante implicaría un cambio de 180 grados: afuera los compadres, los compinches, los yernos y las alianzas que han comprometido tan drásticamente la política por el dinero, a tal punto de desprenderse del dinero mal habido (i.e. caiga quien caiga como les gusta decir).  Tiene que ser algo que realmente mueva la aguja (meter preso a dos expresidentes solo sería una parte).  Pensando en términos bíblicos: <<sin nada vine a este mundo, y sin nada me he de regresar>>. 
Pero, como dice el poema de Francisco de Quevedo:
“Es tanta su majestad,
Aunque son sus duelos hartos,
Que aun con estar hecho cuartos
No pierde su calidad.
Pero pues da autoridad
Al gañán y al jornalero,
Poderoso caballero
Es don Dinero.”
Y el nivel de influencia del dinero en la política ecuatoriana ha llegado a tales niveles que estas ideas mías bordean la utopía.  ¿Hay algún líder político dispuesto a emprender una carrera para hacer ese su objetivo? (¡Por favor que no ofrezca cortarse las manos!)
No quisiera concluir sin desear lo mejor al trabajo de la comisión asesora.  Ojalá nos demuestren que estamos equivocados, por el bien del país.  Así en el futuro, los que tengan que participar en política no tengan el dilema de Pablo Lucio-Paredes.  Yo en todo caso, he tratado de exponer en este artículo por qué ambos tienen razón.   El problema es que mientras más nos demoremos las consecuencias para el país serán exponencialmente peores.  Y aunque podría citar a Alibaba y los 40 ladrones para terminar, voy a hacer una referencia por analogía, a lo que le pasa al país. En vez del Titanic de Mahuad, los ecuatorianos estamos todos montados en la avioneta de Adum. 


miércoles, 20 de mayo de 2020

Desdolarización y Federalismo: una cucharada de la misma medicina


Desdolarizar no ha sido una propuesta abanderada por ningún grupo político de relevancia en el país.  Pero es una propuesta velada de algunos, que no teniendo la frontalidad para proponerla púbicamente, piensan que está dentro del conjunto de soluciones para los problemas económicos de nuestro país. Afortunadamente, para aquellos que creemos que desdolarizar no es una solución a nada, la dolarización goza por ahora de un enorme apoyo popular, según los politólogos, gozan del apoyo del “votante medio”. 

Por el contrario, federalismo sí es algo que se está ventilado, vean por ejemplo un hilo en Twitter de Pablo Arosemena y la opinión en El Universo de Pedro Valverde.  En este caso, se está discutiendo esta posibilidad por el lamentable fracaso del gobierno central en el manejo de la crisis de salud en Guayaquil; rodeado de escándalos de corrupción en los hospitales del IESS y de una incompetencia que los llevo a esconder a los muertos y tratar de manipular la información de la situación verdadera.  En realidad, es una situación criticable desde todo punto de vista.  Sin embargo, no es menos cierto que en esta crisis la gestión municipal ha estado bajo par, por decirlo de manera elegante.  Por tanto, concluir sobre la base de la coyuntura de que lo que conviene es un Estado federal a mi me parece un argumento sin fundamento. “Queda claro el modelo unitario ha fracasado en el Ecuador” sobre una columna de 500 palabras no es ni remotamente una evidencia para sostener esa afirmación.

¿Dónde está la justificación para conocer cómo vamos a asumir las competencias de salud, educación, seguridad, y obra pública sin tener un planteamiento de cómo se deben financiar estos ingresos a partir de los impuestos nacionales? ¿Cómo estamos seguros que muchas de esas competencias no se van a conseguir de manera más eficiente a nivel cantonal en un país con tantas ciudades pequeñas que no permiten llegar a los mínimos que requieren las economías de escala? ¿O sólo estamos pensando en Guayaquil, o que los gobiernos municipales no son corruptos?  No menos reprochable es catapultarse en el sentimiento regionalista que provocó un conflicto entre <<monos y serranos>> al inicio de la pandemia -no creo que ustedes lo quieran, pero el timing de la idea lo hace inevitable.  ¿Quién les ha dicho que el futuro de un país se puede construir sobre la base de una cultura de odio semejante? Más allá de que hay razones para criticar a un centralismo que siempre debe detenerse a raya porque convive en la clase política ecuatoriana como actitud irresponsable. Existen más preguntas que respuestas ante una recomendación semejante.

Albert Hirschman, un famoso intelectual del mundo del desarrollo decía que las estrategias de la política son salida, denuncia o lealtad como maneras de confrontar al poder.  En cierto sentido, una sana autonomía exige denuncia cuando hay abusos o fallas graves del poder central, pero esta amenaza de salida planteada me parece que raya en lo descabellado.  Algo así como: “veo que me conviene y lo digo”, no importa que no le convenga al país, o ni siquiera tenga un plan que justifique mi tesis.

Podría trasladar esta actitud a la de las futuras reacciones de los desdolarizadores solapados.  Y estoy seguro, que muchos de los federalistas rechazarían cualquier intentona en este sentido.  Pero piénsenlo un poco más.  En momentos en que la crisis fiscal se apresta a arreciar contra la dolarización como una política de <<aritmética monetarista desagradable>>, en la mitad de este problema, ¿qué creen que consideran cómo la mejor estrategia los principales opositores de la dolarización? Lealtad, denuncia o salida. 

No me pregunten a mi, pregúntense ustedes mismos.  ¿Es momento de plantear ideas como el federalismo? No será que nos saldrán los desdolarizadores, tan pronto se pierda el apoyo del votante medio, y les den una cucharada de su propia medicina.  Por favor, guayaquileños, serenidad y prudencia en estos momentos tan aciagos que vive el país.  No es el momento de recomendar que algo es malo porque tiene costos. Mejor dicho, nunca es momento para eso, pero hoy por hoy, menos todavía.  Analicemos las decisiones y sopesemos sus beneficios contra sus costos.  Es el neto el que debemos ver, el beneficio neto. Y siempre desde una lógica del bien común general que es Ecuador, no desde la lógica del bien común particular que puede ser mi casa, mi hacienda o mi cantón.

Pablo. Tú eres un político joven, y se puede comprender si ha sido su ímpetu por cambiar, lo que te llevó a promover esto.  Pero por favor, corrige Pablo, corrige.  Pedro, tú eres abogado, trabajemos las ideas primero: qué criterios políticos y legales quieres interponer para implementar y proponlo, discútelo, defiéndelo sobre la base de propuestas cuantificadas, fundamentadas jurídicamente y de viabilidad política.

Si me argumentan contundentemente cómo el federalismo va a resolver los verdaderos problemas del país, me encantaría conocer de qué manera esto será posible.  Hasta mientras, no vaya a ser que inauguremos la era de las políticas kamikaze en el Ecuador, y cada uno jalando para su lado, sin dolarización, con un estado desmembrado con federaciones del tamaño de pequeñas tribus africanas, con una corrupción descontrolada, el país pierda cualquier esperanza por los malos gobiernos.  Hirschman también decía que a veces falta llegar a los extremos para lograr cambios.  Pero eso, no es lo mismo, que decidirse a extremar las medidas es un cambio para bien, no confundamos los conceptos.

domingo, 17 de mayo de 2020

Cash is King: version para empresas


En el verano del 2005 trabajé en Nueva York para un banco alemán que operaba en esa ciudad.  Una de mis tareas era evaluar el riesgo de ciertas empresas que tenían operaciones de crédito o tenían acciones en bolsa con gestión corretaje del banco.  Cuando le pedí un consejo práctico de como enfocar mi trabajo para poder olfatear mejor los problemas, mi jefe, un veterano de la industria me respondió: “En el negocio del crédito el efectivo es el que manda, fíjate en todo lo que ha movido o podría mover los drivers del flujo de caja”. Y terminó recordándome que nunca me olvide que: “¡Cash is King!”.

En la mitad de la crisis del coronavirus ha salido una publicación sobre la liquidez de las empresas del Ecuador, realizado en conjunto con la ESPOL, la UESS y la Superintendencia de Compañías (SIC).  El título me enganchó: “Flujo de Caja y Dias de Resistencia sin Efectivo en Tiempos de Covid-19”.  Su conclusión más general es que las empresas no podrán sobrevivir con su flujo de caja más de 28 días en cuarentena.  Se hace un análisis por sectores, y un análisis por tamaño, y se detallan conclusiones más específicas para cada caso.

El ejercicio me pareció interesante.  En primer lugar, porque el efectivo es la única reserva para hacer frente a obligaciones salariales en el caso de que no se muevan las ventas o las cuentas por cobrar, después de todo de ahí viene la afirmación de que “Cash is King”.  Además, porque de toda la información contable que hay en un balance, la mas difícil de manipular en un conjunto tan amplio como las empresas de un país es la cuenta de bancos o caja.  Al menos, el auditor puede confirmar los saldos de bancos con los estados de cuenta que les entregan los bancos a las empresas y los reguladores la pueden cruzar con la información en los bancos si llegara a ser necesario.

Pero mi alegría me duró poco tiempo, puesto que era un estudio a los balances anuales presentados a diciembre del 2018 a la SIC, que ordinariamente se hace en marzo de todos los años.  Tampoco había un análisis que permitiera afirmar que el saldo estudiado fuera representativo de todos los años, o que fuera representativo de todos los meses.  Sospecho que es todo lo contrario, que varía mucho a lo largo del tiempo, y que varía mucho a través del corte transversal que son las empresas.  Esto me hace pensar que para el diseño de recomendaciones es algo que debe ser tomado con las debidas precauciones que esta consideración amerita. 

En todo caso, se me ha ocurrido una idea que podría ser muy útil para las empresas y los hacedores de política en esta crisis.  Y además calza muy bien para realizarse en tiempos del teletrabajo.  Se trata de presentar balances trimestrales a la SIC de manera semejante a como hacen las empresas americanas según el US GAAP.  Para el caso ecuatoriano mi recomendación es que se haga una reforma para que la SIC los empiece a recibir a partir del primer semestre del 2020 y de ahí continúe trimestralmente en septiembre, diciembre, marzo y junio de todos los años.  El objetivo es conseguir información oportuna y relevante para que las empresas puedan comunicar a sus stakeholders claramente como está siendo su comportamiento, en esta crisis en particular, y para el resto del tiempo en general.  Esto permitiría por ejemplo distinguir los resultados pre-cuarentena, en cuarentena y post-cuarentena.

También permitiría a los bancos mejorar la calidad de sus decisiones de crédito y a los reguladores formular mejores propuestas para asistir a las empresas durante esta crisis; asi como permitirles a los investigadores que desarrollen estudios relevantes en tiempo real.

Ya me saldrán al paso las criticas; que esto es mucha información para revelar al público dirán algunos, que exige más trabajo a la contabilidad de las empresas, que implicará un costo de mayor auditoria para alicaída economía de las empresas y que de todas maneras la información no es muy útil.

A la primera de las criticas respondería que esta información es para beneficio de todas las partes, y si es que hubiera un valor en justificar que esta información no sea pública (la información anual ya lo es) tampoco sería un problema que la información trimestral sea manejada por la CIA y entregada codificada a los investigadores.  Para la segunda crítica, debo responder que toda empresa seria debería tener la información contable y financiera al día para que sea un soporte para la correcta toma de decisiones, entregarla a la SIC sería solo un mero trámite.  Para la idea de que podría ser un costo adicional de auditoria podría responder que una verdadera auditoria debe tener controles periódicos e indicadores que ayuden a alertar problemas a la administración de un posible desvío de los principios generalmente aceptados de contabilidad.  A no olvidar que una buena auditoria tiene valor no solo para las autoridades de control sino para los mismos accionistas respecto de su personal de contabilidad dentro de la empresa.  Pero, por último, podríamos obviar el requisito de que sean balances auditados trimestralmente, conservaríamos los estados anuales auditados con la condición de que no pueda variar las cifras presentadas en los reportes de cada trimestre.  Finalmente, algunos empresarios no verán mucho valor al entregar la información desde su perspectiva, pero como lo hemos dicho, para los hacedores de política sería muy útil -no todo lo que parece bueno a nivel individual es bueno a nivel agregado-.  Solo como una muestra, yo estaría muy interesado como se comporta la cuenta bancos y la cuenta caja a lo largo del tiempo y en un mismo momento dentro de las distintas empresas, de manera de poder pensar cómo facilitar la creación de mecanismos que creen liquidez como el dinero electrónico, las transferencias interbancarias, la securitización de activos, entre otros.

Y por supuesto, en estos tiempos de teletrabajo, donde además existe la facturación electrónica, los sistemas de información, las bases de datos asequibles de manera remota este paso no es ni remotamente tan complejo como lo han dado las empresas que otros países llevan informando trimestralmente desde hace más de cuatro décadas.

Me parece que esta iniciativa de acelerar la frecuencia de entrega de información financiera de las empresas a la SIC es un ejercicio del que todos ganamos y no me parece que tendría mucho costo.  Podríamos acceder a una de las piezas mas valiosas de información para que las empresas, los bancos y los reguladores puedan evitar decisiones equivocadas, cuando como decía mi jefe gringo, los problemas en una empresa arrecian: Cash is King.  Esta sería una reforma, y nunca mejor utilizada la expresión, que se encuentra a distancia de un click.

domingo, 10 de mayo de 2020

El Buen Gobierno, el Gobierno del Bien Común y la Dolarización



En esta crisis del COVID-19 se han planteado muchas interrogantes respecto de cuál decisión es la más conveniente para el gobierno.  Por ejemplo: si las cuarentenas o la inmunidad de masas, si dejar ir a los niños a las escuelas porque el virus no los afecta o no, si contagiado consigue inmunidad permanente o no, si es conveniente el tratamiento A o B, si subsidiar a los pobres e informales con transferencias monetarias o canastas de alimentos, si subsidiar a las empresas para que mantengan el ingreso de los trabajadores o dejarlas quebrar y otorgarle seguro de desempleo a los trabajadores, si financiar a las empresas viables a través de garantías del Estado a los bancos solo para las MiPYMES o todas, si el gasto público en países con monedas fuertes se financia con deuda o con emisión; en fin una serie de discusiones que no tienen respuestas únicas, y qué en muchos casos la ciencia o la economía no tiene los suficientes elementos para dar respuestas definitivas.  Un famoso periodista de CNN, Farred Zakaria, concluía que este problema es un problema demasiado difícil para dejárselo sólo a los científicos.
Surge de ordinario, ante estas circunstancias de falta de certidumbre, la necesidad de tomar una decisión.  Esta decisión es una decisión política que debería estar dirigida hacia el bien común.[1]  El problema es que éste es un concepto muy genérico que debe ser acotado y traducido a la práctica en una realidad que depende de las circunstancias y de las personas en concreto, he ahí el peso y la importancia de saber cómo decidir.  Por esto, es que es legítima la discusión respecto a algunas medidas que se están tomando en torno a la cuarenta y su eventual salida.
Sin embargo, en países como Ecuador, surgen problemas adicionales al de la decisión del bien común.  Una vez decidida una opción, de suyo discutible, el problema se traslada a quién la implementa.  Aquí entran los problemas de corrupción, de quienes compran mascarillas, esconden ventiladores mecánicos y adquieren los kits de alimentos con recursos públicos.  A pesar de lo dolorosas de las circunstancias, abundan los escándalos de sobreprecios, aumentan las compras sobre las que ganan comisiones y manipulan los procesos de contratación para beneficiar a ciertos grupos de interés.   Aquí entran también los que demuestran falta de capacidad, que deciden amortizar la deuda externa aunque reconocen que no la deben pagar por que no tienen como honrar los requisitos mínimos para los médicos y operadores de salud que están salvando a los enfermos.  También los que no tienen la autoridad para manejar los desafíos de la comunicación, y ocultan las estadísticas de contagiados y fallecidos para ser desmentidos patéticamente por periodistas extranjeros o por la cantidad de muertos en las calles que les ha obligado a hacer <<fuerzas de tarea>>.  En fin, esta es una larga historia que no me cansarían de escandalizarlos -esta es una historia que habrá que escribirla para dejar testimonio de la incapacidad de nuestros políticos para gobernar y de la sociedad para dejarse gobernar-.[2]
La capacidad de entender los problemas de esta manera nos puede ayudar a distinguir los desafíos para el gobierno que nos plantea esta crisis.  De esta manera es más factible plantear correcciones necesarias para conseguir un buen gobierno.  Un caso particular de este tipo de reformas de gobierno son las reformas económicas.  ¿Qué podemos hacer para que una buena reforma económica se convierta en una realidad política?
En este sentido, y relacionado a los temas económicas, es que quisiera hablar de una experiencia particular de la economía ecuatoriana: la dolarización del 2000 en Ecuador.  Esa decisión fue un hito en la historia del Ecuador puesto que permitió corregir el rumbo de un país que se aproximaba al despeñadero.  Un país que quebró sus bancos, su deuda pública y su moneda; pero que luego de una decisión política y económica forzada por las circunstancias se logró recuperar de lo que esperemos se mantenga como la peor crisis económica de la historia de Ecuador.[3]
Frente a la incapacidad fiscal del gobierno en la actual crisis, algo que objetivamente es responsabilidad tanto de Correa como Lenin, se considera la posibilidad de salir de la dolarización.  O al menos violar algunas reglas de la dolarización: bien sea regresando a retirar reservas líquidas como hizo el presidente Correa entre el 2015 y 2016 o retomar el proyecto de dinero electrónico sin respaldo.  Lo cierto es que una es la discusión exclusivamente desde la perspectiva económica puede omitir una gran cantidad beneficios con los que ha contribuido la dolarización.   Aunque con el riesgo de ser malinterpretado, considero que es razonable discutir la perspectiva económica de esas propuestas, después de todo si llegamos al punto de que no tenemos como financiar los gastos de salud habría que mirar a todas las opciones.  Por algo se dice que los modelos están al servicio del hombre y no al revés.  No obstante, no considero que hemos llegado a ese punto, por decirlo de alguna manera: ¡no hemos llegado entre azul y buenas noches!  Al menos no todavía.
Sin embargo, desde la perspectiva política todavía hay mucho que aprender del éxito de la dolarización que creo que no ha sido debidamente estudiado y comprendido.  Con esto me refiero a que no hemos aprendido cómo es que contribuyó la dolarización al buen gobierno cambiando las instituciones y los incentivos de los políticos para que nos dirigiéramos a un correcto bien común y lo consiguiéramos eficazmente.  Para mi estas son las principales lecciones políticas que tenemos que aprender de la dolarización.
Si no consideramos estos aspectos que ha corregido la dolarización en materia de gobierno sobre la política y la emisión de dinero, estamos condenados a salir de ella para volver a repetirlos.   Si hay algo que podemos pensar para mejorar las instituciones e incentivos para seleccionar a los políticos, para replicar el éxito de la reforma dolarizadora sobre la política monetaria en otras áreas de la economía y la política, este conocimiento sería la mejor vacuna que podríamos extraer de la crisis económica presente.
No vaya a ser que estemos tan sesgados en ver, lo exclusivamente económico, y que por querer conseguir una bocanada de aire creamos que vamos a salvar del problema a nuestra economía, y yo diría nuestra sociedad, que esta metida en problemas de mal gobierno desde mucho antes del COVID-19.  Y que probablemente seguirá metido en estos problemas mucho más tiempo después de que se ponga a disposición la vacuna.  Para una decisión semejante a salir de la dolarización habría que tomar en cuenta todo lo que nos ha aportado desde lo político, porque quizás no muramos del coronavirus pero si por culpa de los malos gobiernos y sus malas decisiones.






[1] Gobernar por el bien común ha sido una idea que ha supuesto grandes desafíos en el mundo desde la modernidad hasta la actualidad. En el contexto de este desafío se plantea la discusión de cambiar fundamentalmente las condiciones actuales y regresar a una nueva república.  Un regresar a la <<polis griega>> que se podría asociar como una de opción de retirarse a un monasterio como plantea la <<opción benedictina>>.   Prácticamente, esto supone hacer tabla raza de las instituciones, intereses y derechos de las personas para comenzar desde cero.  Es algo tan platónico que raya en lo utópico, pero dado el grado de calamidad de algunos países y ciudades del mundo en las circunstancias, no parece algo tan descabellado para algunos.
Por otro lado, el sistema de gobierno de democracia representativa vigente tiene increíbles fallas en materia de corrupción, desigualdad e ineficiencia.   Esto ha hecho posible que muchos políticos populistas, en Ecuador y en el resto del mundo, se puedan dar el lujo de criticar al sistema aun desde la acera de la incompetencia y la falta de escrúpulos morales que muchas veces son denominador común de esa clase de políticos.
Sin embargo, existe una manera diferente de mirar estos desafíos del gobierno.  Esto es, enfocándose en las correcciones institucionales y de incentivos de selección de los políticos que permitan mejorar la calidad de las decisiones del gobierno y de la eficacia con que implementan esas decisiones de los gobernantes.  No es una propuesta refundacional -como lo es regresar a la polis-, menos aún una propuesta mesiánica -como esperar al caudillo populista-.
Esta propuesta se basa en conceptos tan antiguos como la potestad y la autoridad para reformar las instituciones, pero también descansa en la comprensión de los incentivos para mejorar la selección de los políticos y funcionarios públicos que nos gobiernan.
[2] A estos problemas mencionados les denomino el problema de gobernar bien -o en el caso de Ecuador de gobernar mal-.  Este es un problema adicional al del gobierno del bien común.  Podríamos decir que el gobierno del bien común es un problema de saber decidir conforme a las preferencias que conviene a la sociedad en tanto sociedad, no en tanto preferencias de una suma individual de preferencias.  Podríamos decir que se trata de un problema de agregación de preferencias.  Por otro lado, el problema de gobernar bien, consiste en: dado un objetivo, cómo consigo las personas y los medios para alcanzarlo. Es decir, un problema humano y técnico de cómo llevar las ideas a la realidad.  En resumen, un buen gobierno es aquel que gobierna para el bien común y gobierna bien: toma sus decisiones -sin corrupción, sin ineficiencias, sin generar otros problemas mayores-.
[3] En esencia la dolarización fue un cambio institucional y de incentivos sobre los políticos y su relación con la emisión de dinero.  Para el problema en cuestión, la dolarización, fue una solución formidable.  Además, ha pagado con muy buenos dividendos adicionales a la estabilidad de precios, lo que ha permitido el desarrollo y profundización de actividades económicas que tanto bien le han hecho al país en estos 20 años, a pesar de seguir teniendo el mismo tipo de políticos de siempre.